Pour moi, qui l'amai toujours par instinct, je la dénfendrai toujours par raison (Frédéric Bastiat, 1848)

Austeritas magna virtus populi sapientis est

Publicado el 6/12/2011 por Antonio España – opinión | 6 comentarios »
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Hay margen para la austeridad

Mucho se habla últimamente de la austeridad pública, de los recortes y las reformas. Y, en general, se escuchan —y leen— voces que dicen que la austeridad no es la única solución ni es suficiente para acabar la crisis, amén que hunde más al país en la recesión. Sobre el mito del crecimiento artificial a base de gasto público ya escribí algo en El Confidencial hace unas semanas, hoy me gustaría rebatir otro argumento: que la austeridad no es suficiente.

¿Que no es suficiente? ¿Seguro? Quien dice esto parece que considera que ya hemos agotado toda posibilidad de reducir grasa y ya no queda sino reducir músculo. Lo que yo opino es que estamos lejos aún, muy pero que muy lejos, de poder calificar a nuestro sector público con un adjetivo siquiera cercano a “austero”.

Para mí, la austeridad debe rozar incluso, si me lo permitís, la cutrez. Así lo digo y así lo pienso. ¿Qué nuestros diputados deben escribir a bic en vez de con montblancs? Que lo hagan, pese a que a algunos, como leí en twitter, les resulte esto una degradación institucional. ¿En qué estamos pensando?

No parecemos darnos cuenta de que cada euro de más que se gasta un político o burócrata —para una recarga de la susodicha montblanc, un iPad o la comida en el Asia Gallery del Palace— sale del esfuerzo de alguien, que ha madrugado, soportado el atasco mañanero o los apretones del metro, se ha enterrado en un cubículo o un taller o un despacho o un camión durante horas, comido de túper o de menú, para luego volver a soportar el atasco o las incomodidades del transporte público en hora punta. Todo ello para no llegar a ver a sus hijos despiertos.

Llamadme demagógico y populista, pero seguro que ese alguien de quien os hablo no pone el despertador cada día a las 6 ó 7 de la mañana para que sus señorías puedan descansar en un hotel de 5 estrellas entre sesión y sesión parlamentaria, los señores secretarios de estado desplazarse cómodamente en audis, o los excelentísimos alcaldes disponer de mayordomo personal y salón comedor privado. ¿Me puede explicar alguien en qué capítulo del manual de la democracia se explican tales privilegios?

Quien gasta ese euro de más sin pensar de dónde sale —y quienes le apoyan— sólo merece un calificativo: irresponsable. Pues, ¿acaso no es una irresponsabilidad actuar sin siquiera pararse a conocer las consecuencias de las propias acciones, inmediatas y remotas?

Es decir, que a quienes piensan que la austeridad no resuelve nada y no hay más remedio que disparar con la pólvora del rey de las monetizaciones, los eurobonos y los rescates públicos, hay que decirles que aún hay mucho margen para llamar austero a este estado de los siglos XX y XXI.

No, no se puede hablar de austeridad mientras haya un solo cargo público subido al coche oficial, mientras siga despegando el Falcon, mientras siga habiendo saraos internacionales semana sí, semana también a los que los políticos acuden en tropel, a todo trapo y con sus multitudinarios séquitos de asesores alojándose en el Four Seasons de la ciudad que toque.

No se puede hablar de austeridad mientras sigan existiendo subvenciones a grupos amigos, mientras sigan produciéndose y emitiéndose anuncios de publicidad del “Gobierno de España”, mientras se mantengan canales públicos de TV quemando dinero a espuertas, mientras se continúen pagando alquileres para alojar “embajadas autonómicas”, mientras se siga pagando la iluminación navideña de los presupuestos públicos a mayor gloria del edil de turno.

¿Que todo eso es sólo la punta del icebeg? Correcto. ¿Qué lo gordo está en los servicios y las prestaciones sociales? Correctísimo. Pero digo yo: ¿Y?

Como excusa para no ser verdaderamente austeros, siquiera en lo superficial, me parece bastante pobre. Y hasta que estos señores que se han autoconcedido tanto privilegio pasen de nadar en la abundacia a vivir en la verdadera cutrez —si es que escribir a bic es una cutrez, que a mí me parece muy respetable— no puede decirse que no haya margen de maniobra para la austeridad.

 

Actualización 1: Me he dado cuenta que había publicado el post sin el clásico título en latín (la falta de costumbre), por lo que se lo he añadido ex post. El título es una traducción libre al latín (y por lo tanto es posible que no sea del todo correcta) de una sentecia de Solón, uno de los famosos siete sabios de la Grecia Antigua: “La austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente. Nada en demasía.” No he localizado la fuente original, por lo que es posible que sea apócrifa. Lo que sí es cierto que es a Solón a quien se le atribuye la versión corta “Nada en demasía” que estaba grabada en el Templo del Oráculo de Delfos (meden agan en griego, nihil nimis en latín), aunque es más conocido el “conócete a ti mismo” del mismo templo.

Actualización 2: Me apunta Manuel Polavieja via Facebook otras muchas “bolsas de grasa” sobre las que actuar antes de decir que se es austero: edificios singulares en alquiler mientras hay edificios públicos vacíos, diputados que sólo sirven para “apretar el botón del voto”, el Senado tal y como está montado, subvenciones a partidos y sindicatos, administraciones duplicadas, empresas públicas para colocar amiguetes, etc. En fin, que no pretendía ser exhaustivo y ya se ve que si hacemos un concurso de ideas entre los ciudadanos (y no los políticos y grupos de interés), saldrían unos cuantos milloncejos para ahorrar.

Monetae mutatione – 29/XI/2011

Publicado el 29/11/2011 por Antonio España – El Confidencial | »
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Columna quincenal en El Confidencial: ¿Y si en vez de monetizar deuda cerramos el BCE?

Este martes era de los que toca el artículo quincenal en mi blog Monetae Mutatione de El Confidencial. En esta ocasión he escrito sobre un tema del que se habla mucho estos días: del BCE y de lo que políticos de todos los signos, economistas y medios de comunicación no paran de reclamar, la compra de bonos de los países con problemas por el Banco Central Europeo. Esto es lo que técnicamente se llama “monetizar la deuda” y que supone un tremendo error con las clásicas consecuencias del intervencionismo: empeorar la situación.

Comienza así:

Que mi hija de ocho años, en su inocencia naive, se pregunte por qué el gobierno no “hace” más billetes y monedas para dárselo a los pobres para que así puedan comprar comida y juguetes para sus hijos, me parece que entra dentro de lo normal. Al fin y al cabo, todos los niños son ingenuamente keynesianos. Ahora bien, no deja de sorprender que adultos hechos y derechos, y con una supuesta formación, como son nuestros políticos, a estas alturas de la película, de verdad piensen que la crisis actual se solucionaría antes si el BCE tuviera el gatillo fácil a la hora de darle a la máquina de “hacer” dinero.

Y se puede continuar leyendo aquí.

 Por cierto, aparte de en el mismo foro de El Confidencial, podéis dejar comentarios por aquí ;-)

Monetae mutatione – 15/XI/2011

Publicado el 15/11/2011 por Antonio España – El Confidencial | »
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Columna quincenal en El Confidencial: De la crisis de deuda soberana a la crisis de la moneda

Sigo con mi empeño (frustado) de publicar entradas en este blog independientes, de forma que no se convierta en un mero espejo de los artículo que escribo para El Confidencial. Pero de momento, no me da la vida para nada más, así que vuelvo a encadenar una quincena más con el post de Monetae Mutatione sin intercalar uno nuevo por aquí. Tal y como me harté de ver en las tapas de los yogures de mi infancia: “Sigue intentándolo” :-)

Entre tanto, os dejo aquí la columna quincenal, esta vez sobre la tragedia del euro:

Imagínense por un momento que forman parte de una investigación sociológica que estudia un grupo de pastores que comparten un pequeño prado con pastos. En esta situación, ¿cómo creen que se comportará un pastor que actúe racionalmente en su propio interés? Lo más normal es que éste tienda a incrementar su cabaña, pues pronto descubrirá que puede capturar el beneficio en su totalidad de la mayor producción que le supone tener más cabezas de ganado, mientras que el coste en términos de menos pasto disponible se diluye proporcionalmente entre todos los pastores.

Ya se ve que si todos los pastores son sensatos, el pastizal tiene los días contados, dado que todo el grupo actuará de igual manera. Y así se produce la tragedia: se acaban los pastos, las ovejas perecen de hambre y los pastores se van al paro. Este ejemplo, que no es mío sino de Garrett Hardin, ilustra lo que se conoce como la tragedia de los comunes, o más correctamente de los bienes comunales, y es justo lo que está pasando con el euro y la crisis de deuda, que va camino de convertirse en una crisis de divisa en toda regla.

Contenido completo aquí.